Por: Fabricio

No voy a mentirles, estoy ante la noche mas larga de mi corta vida. He tenido la suerte de ver, a mi país, llegar a demasiadas finales. Obviamente, la de la Copa del Mundo quedará en mis recuerdos por siempre -jamás volví a llorar como esa noche. Pudiendo observar a Leo Messi mirando el trofeo, con la cabeza a gachas, una y otra vez. Una mas dolorosa que la anterior. La foto que elegí no es casualidad, es la imagen viva de cada ciudadano argentino, la que mas marcada tengo de Leo.

En ese tiempo me transforme de un niño futbolero, a un periodista soñador. Aprendí a mirar el futbol de otra manera, a ser mas prudente con mis comentarios, a comunicar con responsabilidad. Pero los sentimientos no se van, sigo emocionándome como a mis nueves años, riendo con cada magia del “10”, expresando mis sentimientos por la albiceleste como todos los grandes periodistas recomiendan no hacer. Me es imposible mantener la objetividad.

Quedan menos de 24 horas, cada minuto se hace eterno, el segundero va en cámara lenta; el tiempo se vuelve perpetuo. Salgo a caminar, intentando despejar una cabeza que se encuentra saturada de problemas, pero que solo piensa en un partido de futbol. Intento buscar otras actividades que me hagan pasar mis nerviosismo, cada vez, mas notorio. Y llega la noche, no hay té, ni libro que pueda hacerme dormir. Procure levantarme mas temprano de lo normal, limpiar cada rincón de mi hogar, todo lo que sea posible para evitar un insomnio inevitable.

El rival de toda la vida, la verde amarella, la pentacampeona del mundo. Recuerdo ver la ultima semifinal desde el salón de mi casa, gritar por un penal que jamás fue y ver como Firmino nos mandaba casa y, una vez mas, mis lagrimas caer. Es curioso como una persona tan poco expresiva, puede llorar tanto por once personas corriendo atrás de una pelota. Pero, si vamos al caso: los nervios, la emoción, la desilusión, el llanto (de tristeza y felicidad), la risa, entre otras. Son emociones que, en su mayoría, siento cuando gira la redonda.

Llegó el sábado: es feriado nacional, no oficial; los negocios cerrados; las calles vacías; el cielo se teñirá de color celeste y blanco, con un sol radiante. Tarde de primavera, en el invierno argentino. Totalmente amanecido, me abasteceré del café necesario para aguantar el eterno día. Y bailaré, reiré, preparare mi libreta y mi computadora, soñaré, me estresaré, viviré -nunca mejor dicho. Hoy los sentimientos, volverán a mí, después de un año, después de mucho tiempo, a florecer como si en mi cuerpo fuese primavera. Tras un año de larga espera, voy a volver a ponerme de cuclillas a llorar, espero que esta vez, pueda ser de felicidad.