Por Pedro Ramos

Arrancó el encuentro desde la ciudad que, según Juan Gabriel, es “Número 1”. Y la visita comenzó a dominar el encuentro, tocaba con eficacia, se movía con habilidad y atacaba con mucha garra, pero el último toque le fallaba y le fallaba.

Al minuto 7, los locales se adelantaron en el marcador, la primera de peligro de los Bravos se convirtió en el primer gol de la noche, luego de un contragolpe local, Darío Lezcano, con la rodilla izquierda, puso el 1-0 recién empezando el encuentro.

Y a partir de ahí, el club local continuó atacando, intentando aumentar su ventaja, pero no encontraron el gol que les diera tranquilidad. Por ende, los pupilos de Martín Caballero, decidieron aplicar la famosa frase “Si no puedes con el enemigo, únetele”. Y se tiraron al juego defensivo a partir del minuto 25.

El Puebla, inoperante sin el balón y con él, no tuvo ni suerte ni tino, 2 características que deben acompañar a un club en cualquier partido.

Nos fuimos al mediotiempo con el marcador que se mostró desde el minuto 7. Los de Reynoso necesitaban algo más para lograr el empate, además de las ganas que, dicho sea de paso, no mostraron demasiadas.

Volvimos del entretiempo y la historia fue la misma, los Bravos defendían con 10 y su punta no pasaba de la media cancha, mientras que el Club Puebla no lograba penetrar el “camión” fronterizo.

Hubo cambios tras cambios, pero la mentalidad y el guión del encuentro siguió dominando el mismo, y cuando te enfrentas a un club que solo busca que no le anotes, tenemos como resultado este tipo de partidos.

Juan Máximo Reynoso se caracterizó, en fechas pasadas, por buscar el primer gol y echar al equipo para atrás, hoy le aplicaron esa táctica y les funcionó a los rivales, como dice el dicho: Quien a hierro mata, a hierro muere.